Hablamos habitualemente de los problemas del pasado que todavia resuenan en sus consecuencias y secuelas, que ya han ocurrido.

El cine, lento en su forma productiva habla habitualmente del pasado, El cine registra, una imagen, un momento un tiempo. Esencial e inevitablemente habla del pasado y sus recursos linguisticos se envuelve para hablar del pasado aún cuando transcurra en “el futuro”. Un pasado simulado y travestido en cualquier tiempo y lugar. En su visiónado uno puede revolcarse en cualquier goce, cualquier arena, casi siempre sobre el pasado, sobre una forma de atraparlo, encapsularlo o simbolizarlo. El cine trabaja sobre lo simbolico, sobre la red de sentido que nos precede.

Por supuesto habrá excepciones y de cualquier manera se trata de un hipotesis, de una mirada y principalmente de una interrogación, que a mi criterio, debemos hacernos.

Me gusta el cine, lo disfruto, hasta podría decir que lo amo sino fuera por que me averguenza rendir culto o pleitesia a semejante instrumento de dominación.

Es cine es uno de los grandes medios donde el poder templa la comunicación de su discurso. Claro hablando de cine industria, que es casi, casí, el cine a secas.